jueves, octubre 1

Cinco años desde el momento que detuvo la provincia y el mundo

Es imposible olvidar lo que cada uno estaba haciendo el 14 de marzo de 2020, cuando se declaró el estado de alarma. La alarmante evolución de la pandemia de covid-19 generaba serias inquietudes entre los profesionales de la salud, quienes se protegían como podían ante un virus que se comportó como un devastador tsunami. La sociedad, sumida en una atmósfera de incertidumbre, se recluyó en sus hogares, enfrentando un confinamiento histórico, caracterizado por el anuncio diario de cifras desgarradoras de fallecidos y contagiados, y con la sensación de no entender del todo lo que estaba sucediendo.

La provincia de Jaén, al igual que el resto del mundo, se detuvo hace cinco años, abriendo la primera página de uno de los capítulos más oscuros de su historia reciente. Sin embargo, en medio de esta adversidad, también surgieron razones para la esperanza, gracias a la solidaridad humana. Las imágenes de hospitales desbordados, las estrictas medidas de prevención y las ciudades desiertas parecen ahora lejanas, pero marcaron un antes y un después en una generación que creció en la peor crisis sanitaria del siglo. Para hablar del primer contagio en la provincia, es necesario retroceder dos semanas, hasta el 28 de febrero de 2020, cuando una enfermera de Arjonilla se infectó en Torrejón de Ardoz, donde trabajaba.

Cinco años después, el número de habitantes de la provincia contagiados asciende a 137.757, según los últimos datos del Ministerio de Sanidad, correspondientes al verano de 2023. Además, 8.069 jiennenses requirieron hospitalización, de los cuales 584 fueron atendidos en unidades de cuidados intensivos, y 135.285 lograron superar la enfermedad. Desde el primer fallecimiento, registrado el 14 de marzo de 2020, se contabilizan 1.686 decesos, según los datos más recientes.

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Un hito en la lucha contra el virus

El 27 de diciembre de ese mismo año, Encarnación, de Linares, y Antonio, de Bélmez de la Moraleda, hicieron historia al convertirse en las primeras personas de Jaén en recibir la vacuna contra el virus. Este avance científico marcó un antes y un después en el tratamiento de una enfermedad que impactó profundamente a la sociedad, y que para algunos ya parece lejana. No obstante, la posibilidad de que una nueva pandemia surja sigue presente, y por ello, los profesionales de la salud insisten en la necesidad de una mejor preparación para evitar que esta dolorosa experiencia se repita.

La respuesta de la comunidad ante la adversidad

Las medidas restrictivas impuestas por la covid-19 paralizaron prácticamente todas las actividades, y Cáritas Diocesana de Jaén no fue la excepción. A pesar de ello, el colectivo jiennense se esforzó por adaptarse a esta nueva realidad y ofreció asistencia básica de manera telemática. “Intentamos mantener el apoyo a las familias con las que ya estábamos trabajando, por lo que no se detuvo la atención primaria, que comenzó a realizarse por teléfono”, explica Rafael Ramos, director de Cáritas Diocesana Jaén. A partir de ahí, se pudieron gestionar ayudas para alquiler, aunque la atención presencial no era posible. La vuelta a la normalidad se produjo de forma gradual, y los voluntarios comenzaron a llevar alimentos y ropa a domicilio a quienes solicitaban ayuda. Sin embargo, el virus golpeó con fuerza a los integrantes del colectivo, muchos de los cuales, con más de 60 años, contrajeron la enfermedad y fallecieron.

El confinamiento trajo consigo imágenes sin precedentes en toda la provincia de Jaén. Sin embargo, lo más escalofriante no era solo ver calles desiertas, sino también el impacto emocional de las cifras diarias de fallecidos que conmocionaban a la población. En medio de ese caos, la sociedad jiennense se esforzó por normalizar, en la medida de lo posible, una situación sin precedentes y en la que no había un claro camino a seguir. En la primera línea de “batalla”, los profesionales sanitarios se protegían como podían, mientras se multiplicaban para atender a sus pacientes. Pedro José Gómez, un joven enfermero de Sabiote, recuerda su primera experiencia profesional durante la fase más crítica de esta crisis sanitaria: “Fue un caos total, había mucha gente esperando ser atendida en los pasillos, y además, había una grave falta de material para los sanitarios”, relata.

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El papel de los cuerpos de seguridad también fue fundamental, patrullando calles vacías. “No me gustaría que esto se repitiera, vimos imágenes dantescas, con la gente temerosa de acercarse”, recuerda Rafael Domingo, intendente principal jefe de la Policía Local de Jaén. Rafael Serrano, presidente de la Asociación de Comerciantes del Mercado de Peñamefécit, también rememora esos días con inquietud: “Nos pusimos al servicio de la ciudad realizando pedidos a domicilio”, comenta. Esta encomiable labor tiene un valor incalculable en una de las etapas más oscuras de la historia reciente.