Los devotos se congregan en la cripta de Fray Leopoldo para conmemorar el aniversario de su fallecimiento.

GRANADA, 9. La afluencia de visitantes que cada 9 de febrero acuden desde primera hora de la mañana a la cripta donde reposan los restos de Fray Leopoldo de Alpandeire en Granada, con motivo del aniversario de su fallecimiento, ha experimentado un notable incremento este año al coincidir la efeméride en domingo.

Fuentes del santuario de Fray Leopoldo, ubicado en la Avenida Divina Pastora de la capital granadina, han indicado que, como es habitual, los fieles se agolpan en las escaleras de acceso a la cripta y en el interior de la iglesia de los hermanos capuchinos. Muchos de ellos provienen de otras provincias, como Málaga y Sevilla, llegando en autobuses para rendir homenaje al beato.

Un aniversario significativo

Se estima que miles de devotos visitarán este espacio religioso en el 69 aniversario de la muerte de Fray Leopoldo, quien fue beatificado el 12 de septiembre de 2010 en un acto celebrado en la Base Aérea de Armilla (Granada), al que asistieron más de 60.000 personas. Este evento marcó la culminación de un proceso que se había iniciado décadas atrás, resultando en que la Iglesia estableciera el 9 de febrero, fecha de su fallecimiento, como el día del beato.

Este año se conmemora el décimo quinto aniversario de su muerte desde la beatificación del fraile limosnero, nacido en el pueblo de Alpandeire, en la Serranía de Ronda (Málaga), el 24 de junio de 1864. Su vida estuvo marcada por un profundo compromiso con la fe y la comunidad, lo que lo llevó a convertirse en un símbolo de devoción para muchos.

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La vida de Fray Leopoldo

Francisco Tomás, el futuro Fray Leopoldo, dedicó su infancia a cuidar un pequeño rebaño de ovejas y cabras, así como a trabajar la tierra. El 16 de noviembre de 1899, tomó el hábito de los capuchinos en Sevilla, donde continuó su labor en el huerto de los frailes. En el otoño de 1903, se trasladó a Granada, donde desde el principio desempeñó el oficio de hortelano, alternando su estancia entre conventos de esta ciudad, Sevilla y Antequera. En 1914, regresó a Granada para establecerse definitivamente.

Como limosnero, recorrió los pueblos de Andalucía Oriental, enfrentándose a veces a insultos y agresiones, pero su devoción, especialmente hacia la Virgen, nunca flaqueó. Cuando alguien le pedía un favor, siempre instaba a rezar tres Ave Marías.

El legado de Fray Leopoldo

Tres años antes de su muerte, sufrió una caída que le provocó una fractura de fémur. Tras una convalecencia hospitalaria, logró volver a caminar con la ayuda de dos bastones y continuó su vida contemplativa en el convento. Fray Leopoldo falleció en la mañana del 9 de febrero de 1956, y una multitud de fieles acudió al convento para darle su último adiós. Desde entonces, cada año, miles de devotos visitan la cripta donde descansan sus restos, situada junto a los Jardines del Triunfo en la capital granadina.