Descubrí Zuheros buscando un alojamiento, y me llevé mucho más.
No recuerdo la última vez que me fui un fin de semana sin pensar en el trabajo.
Supongo que, como nos pasa a muchos, cogí la costumbre de responder un mensaje mientras tomaba un café, mirar el correo antes de acostarme o aprovechar cualquier rato para hacer "una cosa rápida".
Por eso, cuando llegué a Zuheros, hubo algo que me llamó la atención incluso antes de fijarme en las casas blancas o en el castillo.
El silencio.
No ese silencio exagerado del que hablan algunos anuncios. Uno normal. Ese que hace que escuches los pasos mientras paseas, el viento moviendo las ramas de los olivos o una conversación tranquila en una terraza.
Tardé unos minutos en darme cuenta de que llevaba demasiado tiempo sin escucharlo.
No conocía Zuheros.
Había visto fotografías, claro, pero nunca había es...










