El 10 de enero de 2001 marcó un hito en la historia de Jaén, cuando el nuevo milenio comenzó con la desaparición del emblemático teatro Asuán. Este acontecimiento fue registrado por numerosos medios de comunicación, que reflejaron el sentimiento de pérdida que invadió a la ciudad. La empresa Desarrollo del Litoral, S.L., participada por la promotora Ávila Rojas, tomó la decisión de iniciar el derribo del antiguo teatro, un inmueble que había sido adquirido en 1997. Miguel Pérez, representante de la empresa en Jaén, explicó que el retraso en la demolición se debió a la necesidad de adaptar el edificio al Plan General de Ordenación Urbana, el cual había entrado en vigor poco antes.
El solar donde se ubicaba el Asuán tenía un nuevo destino: la construcción de un moderno edificio de ocho plantas destinado a oficinas, complementado por dos niveles de aparcamientos y un local comercial. Cada planta del nuevo proyecto contaría con aproximadamente 300 metros cuadrados, alcanzando una altura total cercana a los 30 metros. Este desarrollo representaba una inversión que superaba los mil millones de pesetas, cantidad que incluía también la compra del terreno. A pesar de las especulaciones, Pérez descartó la posibilidad de que la Junta de Andalucía adquiriera las futuras oficinas.
Un legado cultural en la ciudad
El cine y teatro Asuán había sido un pilar fundamental en la vida cultural de Jaén. Antes de su construcción, en el mismo lugar existió el cine Norte. Posteriormente, un matrimonio jie
ense, Asunción y Juan, tomó la iniciativa de levantar el Asuán, que se inauguró el 29 de septiembre de 1966. Este espacio, caracterizado por su estilo arquitectónico del desarrollismo, funcionó como un lugar de entretenimiento y cultura hasta su cierre el 21 de octubre de 1993, dejando un vacío en la oferta cultural de la ciudad.
Cuando la familia propietaria decidió poner en venta el edificio, ofreció la operación tanto a la Junta de Andalucía como al Ayuntamiento de Jaén. Sin embargo, el entonces concejal de Urbanismo, Miguel Segovia, informó que los informes técnicos no avalaron la viabilidad del uso cultural del inmueble de acuerdo con la normativa vigente. “Si nos hemos cargado algo, ha sido una ruina y no un teatro de la capital”, declaró Segovia, reflejando así la controversia que rodeaba al Asuán.
Controversias y cambios urbanísticos
La formalización de la compraventa con la promotora se realizó en 1997, y a partir de ese momento, el debate sobre la desaparición del Asuán se intensificó. Un año antes del derribo, la Gerencia de Urbanismo modificó el uso dotacional del inmueble en el Plan General de Ordenación Urbana, facilitando su transformación en oficinas. Como parte de este acuerdo, la empresa pagó cerca de 90 millones de pesetas, que se destinaron a la recuperación del Palacio del Conde de Corbull, un gesto que no logró calmar las críticas de quienes valoraban el patrimonio cultural que se perdía con la demolición.
La desaparición del teatro Asuán cerró así un capítulo significativo en la historia arquitectónica y cultural de Jaén. La comunidad jie
ense, que había disfrutado del arte y la cultura en este espacio durante décadas, se vio obligada a enfrentar la modernización de su entorno urbano, cuestionando el costo que ello implicaba en términos de identidad y legado cultural.